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XXXV JORNADAS NACIONALES CPM
Lleida, 19-20 octubre 2002
VIVIR LA FE EN PAREJA por Francesc
Torralba Roselló
Francesc Torralba, es Doctor en Filosofia y Teología
y profesor titular de la Universidad Ramón Llull. Autor
de diversos libros éticos y educativos como: Pedagogía
del sentido; La condició sexuada; Vint-i-cinc catalans
i Déu.
Casado y padre de familia numerosa.
La finalidad de la presente exposición consiste en
sintetizar las ideas fundamentales sobre la experiencia de
fe vivida en el marco de la pareja. Aunque la fe es, eminentemente,
una cuestión de orden personal, casi de carácter
íntimo, también puede ser vivida en el marco
de la comunidad de la pareja y el hecho de vivirla activamente
en este marco, introduce nuevos elementos de reflexión
que alteran la experiencia de corte individual.
Se trata, al fin y al cabo, de mostrar como la vivencia
de la fe adquiere una dimensión nueva en la medida
en que es vivida en el plano de la pareja y de como la relación
yo-tú altera profundamente la manera de ejercer la
vida cristiana y permite ahondarla desde otros parámetros.
Primera tesis: La fe es la recepción de una llamada
que en cada miembro de la pareja se vive de una determinada
manera.
La experiencia de fe es vivida en cada miembro de la pareja
de un modo singular y personal. Este modo de vivirla es, en
parte, el resultado de una serie de elementos biográficos
y formativos que no necesariamente son iguales en los miembros
de la pareja. Al encontrarse auténticamente el yo con
el tú, el yo se percata que la recepción de
la llamada es distinta en el tú. Esta diversidad de
respuestas es fecunda en el plano espiritual y tiene efectos
positivos en la vida personal. Al dialogar sobre los temas
de fe, el yo le revela al tú aspectos que éste
desconocía y lo mismo ocurre en el otro sentido. En
el plano de la pareja no parece, pues, adecuado tabuizar la
cuestión de la creencia o de la fe, porque ésta
constituye un tema clave en la vida personal que, generalmente,
tiene repercusiones en múltiples campos.
Segunda tesis: La relación yo-tú es fecunda
en el plano de la fe, porque a través de ella se manifiesta
otra manera de comprender la vida de fe y sus exigencias.
En la pareja se produce el encuentro entre dos mundos distintos.
Este encuentro no se realiza de un modo inmediato, sino a
través de una sucesión de momentos, a través
de una historia. El yo no tiene una vivencia estática
de la fe, como tampoco la tiene el tú. En la medida
en que crecen y entran en contacto entre sí y con otras
personas, su modo de creer y de concebir las implicaciones
de la vida de fe, va adquiriendo dimensiones nuevas que no
estaban contempladas en etapas anteriores. Las preguntas del
otro, me obligan a pensar lo que creo y las prácticas
que veo en él, sus exigencias de carácter ético,
me sugieren otros modos de expresar y de cultivar la propia
fe. La fe crece en la medida en que es permeable a la fe del
otro, al modo como el otro la vive y la expresa en el seno
de la vida cotidiana.
Tercera tesis: En la vida en pareja, es esencial buscar
puntos de encuentro en la traducción de la fe en la
vida práctica, pero sin negar la singularidad de cada
una de las recepciones.
Se puede hablar de vida-en-comunidad cuando entre el tú
y el yo hay puntos de encuentro, elementos comunes que permiten
edificar un marco común de vida. No cabe duda que,
en la relación entre el yo y el tú, se detectan
múltiples diferencias (de sexo, de edad, de opción
política, de nivel social, de bagage cultural...) que,
por otro lado, son necesarias, pues sin ellas difícilmente
se daría la fecundidad en el encuentro, pero también
resulta necesario hallar puntos de encuentro, elementos de
cohesión que establezcan un lugar común de referencia.
La experiencia de la fe puede ser uno de estos elementos,
aunque no el único. El hecho es que, empíricamente,
se pueden observar parejas que viven muy unidas, pero que
no comparten el mismo poso de creencias. E igualmente, también
se detectan parejas que, a pesar de compartir una misma fe,
un mismo credo, viven separadas formal o informalmente. En
cualquier caso, es esencial hallar elementos transversales
para poder entenderse y edificar comunidad. Supongamos que
los dos miembros de la pareja participen de la fe cristiana.
Esto no significa, ni mucho menos, que participen del mismo
modo de la fe cristiana y la vivan con la misma radicalidad.
En este caso, se trata de buscar puntos de conexión
con el otro, pero también de respetar la singularidad
de cada uno de los miembros. Este equilibrio entre respeto
a la personalidad ajena y búsqueda de elementos en
común resulta esencial en la vida en pareja. No se
puede obligar al otro a vivir la fe del mismo modo que la
vivo yo, pero sí interpelarle y darle que pensar.
Cuarta tesis: En la relación yo-tú, uno
se siente impelido a pensar su propia fe y a razonar sus convicciones.
Cuando uno expresa sinceramente su corpus de creencias al
otro, se siente más vulnerable, pero también
es más receptivo a las aportaciones del otro. En algunas
parejas, uno de los miembros vive la fe intraeclesialmente,
es decir, en el seno de la iglesia, mientras que el otro vive
la experiencia de fe, pero de un modo nómada, es decir,
al marge de la vida litúrgica y cúltica de la
iglesia. Es esencial respetar esos distintos modos de fe y
tratar de observar las razones del otro. Esta diferencia también
se puede detectar en el plano de la oración.
En algunas parejas, uno de los miembros practica habitualmente
la oración a nivel personal, solitariamente, mientras
que el otro concibe la fe de un modo activo y social, de tal
modo que su forma de traducir la fe se mueve más en
el terreno práctico, que no en el terreno contemplativo.
La contraposición entre ambos planteamientos es sumamente
fecunda, pero para ello es necesario que ambos asuman la idea
que ninguno expresa, totalmente, es decir, absolutamente,
la fe, sino que cada cual desarrolla su propio itinerario
que, en cuanto, tal tiene claros y oscuros.
Quinta tesis: La vivencia de fe no sólo se debe
traducir en un lenguaje de orden ético, sino que tiene
sus expresiones cúlticas y simbólicas que deben
trabajarse en el seno de la pareja.
La fe tiene una dimensión ética, pero la religión
no puede identificarse, sin más, con la moral. Es posible
hallar criterios éticos en el seno de la pareja más
allá o más acá de los criterios religiosos,
pues la ética no es patrimonio de la religión.
En las parejas mixtas, es decir, donde los miembros profesan
creencias distintas, se impone la tarea de buscar unos consensos
mínimos para poder entenderse mútuamente y poder
educar compartidamente, en el caso, en que haya descendencia.
También en las parejas que participan de un mismo
credo, es esencial pensar las exigencias éticas que
se desprenden de él y no plantearlo ya como algo cerrado
y evidente. De la experiencia de fe cristiana, se deducen
níveles de exigencia ética muy distintos. Se
trata de buscar los mínimos compartidos en cada uno
de los miembros de la pareja, pero sin negar las exigencias
de máximos que cada uno está dispuesto a asumir
en el plano personal.
Sexta tesis: La vivencia de la fe en la pareja no está
exenta de tensiones. Se pueden detectar, cuanto menos, cinco
tensiones.
Está la tensión ambiental, pues en la sociedad
contemporánea vivir desde la perspectiva de la fe se
contempla, de un modo creciente, como algo anacrónico
y extraño que contrasta nítidamente con el ambiente.
Está la tensión de orden intergeneracional.
La pareja, en el caso que tenga descendencia, debe plantearse
muy seriamente la transmisión de la fe y evitar de
caer en los tópicos y prejuicios del pasado. También
está la tensión de orden intergeneracional pero
referida a las generaciones precedentes. Muchas veces la generación
mayor no comprende ni comparte las formas de traducir la experiencia
de fe que tienen las parejas jóvenes. Se debe partir
de la idea que la experiencia de fe puede ser vivida de múltiples
formas y que admite distintos tipos de expresión.
También está la tensión intrageneracional.
Muchas veces la pareja que trata de vivir la fe cristiana
en el marco de su generación, sufre un proceso de marginación
o de cerrazón, pues al manifestar el contenido de su
fe queda aislada del conjunto de su generación y es
fácilmente contemplada como rara avis. Finalmente está
la tensión intraeclesial. Cuando la pareja trata de
vivir coherentemente la experiencia de fe en el mundo, se
puede sentir incomoda frente a determinados mensajes o actitudes
de la iglesia jerárquica y ello le obliga a matizar
e, inclusive, a oponerse formalmente a dicha iglesia para
poder conservar la coherencia y la racionalidad de la fe.
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